lunes, 2 de diciembre de 2013

La pérdida de identidad común


No es mi intención dar a este artículo el manido discurso derrotista y euroescéptico. Este escrito va más allá y busca explicar el por qué estamos perdiendo en tan pocos años aquello que nos costó siglos ganar a los europeos a través de enormes sacrificios: nuestros derechos fundamentales.

Es evidente que el sistema estatal actual, algunos Estados miembros, viola continuamente diversos derechos de los ciudadanos, como el derecho a la intimidad, el derecho a la libertad de expresión e incluso el derecho a la vida, todo ello, con la frágil justificación de la seguridad colectiva.

Pero no es la seguridad, al menos no la colectiva, lo que persigue el Estado, recortando y acabando de forma cada vez más salvaje y evidente nuestros derechos, sino que lo que persigue, en última instancia, es el Santo Grial del Capitalismo: la competitividad.

Y es que una Europa cargada de derechos puede ser atractiva vendida así a sus ciudadanos, pero a la hora de la verdad, son los poderes fácticos, o sea, principalmente el poder financiero, el que determina los designios de este aglomerado de naciones que es la UE. Tampoco en este punto, descubriríamos nada nuevo con lo de que, tras las bambalinas, se encuentran los grandes magnates de bancos, farmaceúticas, políticos de peso y empresarios de la guerra, dirigiendo las políticas del mundo. 

No obstante, en mi opinión, si daríamos una vuelta de tuerca si, yendo más allá de mirar a nuestro propio ombligo europeo, miramos al resto del mundo. Y es que los habitantes del resto de países del mundo, en su mayoría, apenas tiene derechos. Eso, en definitiva, los hace más competitivos, o lo que es lo mismo, más manipulables a ojos de los grandes centros de poder productivos, que, de ese modo, pueden competir a precios mucho más bajos produciendo muchas mayores cantidades de producto pagando un salario infinitamente menor que el de los europeos, y sin prestaciones sociales.

Es esta la razón por la que la maquinaria político-europea, actuando al dictado de los grandes directivos de la economía internacional, recortan disimuladamente nuestros derechos, al menos y por el momento en los países que ellos llaman despectivamente como PIIGS.  

Así las cosas, si Europa está empezando a no reconocerse a sí misma en el espejo, a dejar de ser lo que fue, es con la cancamusa de la seguridad, empezar a ser trabajadores un poco más chinos, un poco más indios o un poco, como dirían los gurús del nuevo capitalismo, más productivos, más competitivos.

miércoles, 20 de marzo de 2013

Cuervos sobre la Casa de Europa

A casi 80 años luz de esta Unión de crecimiento exponencial en territorio, ideas y buenas intenciones no cabe duda que podemos asistir a las horas más sombrías de lo que algunos ideólogos plantean como los próximos Estados Unidos de Europa.



En este juego de tableros en que todos buscan proteger sus intereses, otrora juego de reyes y reyezuelos, se juegan varias partidas a la vez, y asistimos así a una Europa dislocada, casi esquizofrénica, que se hace difícil de gobernar si no es con mano de hierro. En este mosaico de culturas que es la Casa de Europa los miembros más viejos del hogar, aprietan a los pequeños para llamarlos al orden, y los medianos y pequeños aprovechan cualquier resquicio de la madre alemana para hacerse con el tarro de galletas o el dinero del bolso y la cartera para gastarlo en quien sabe qué. Ella los mira con cierta desconfianza aunque guarda las apariencias en pro de la estabilidad de la casa. Por su parte, la suegra, Reino Unido, viendo como está el patio, hace tiempo que no aporta por casa y el padre francés, voluntarioso y bien intencionado pero poco eficaz, vuelve cada día más cabizbajo a casa, con los bolsillos vacíos y los ojos puestos en el futuro, en la esperanza de quizás, cuando los demás crezcan, todo irá a mejor. Y mientras los cuervos, merodean, sobrevuelan y pasan las horas oteando desde el alféizar de la ventana, sombríos, acechantes, esperando el momento de mayor descuido para hacerse con las joyas de sus víctimas.

Los hijos mayores como Italia o España, pese a que empezaron con buenas intenciones, o eso daban a entender, respecto a labrarse un futuro, han caído en las drogas, la corrupción, el fraude y la más indolente de las ignominias. Pero sus padres siguen confiando en que, algún día, tomarán conciencia y cambiarán el rumbo, lucharán por un futuro mejor. Quién sabe. De momento, las hijas, Grecia, Portugal y Chipre, ya están haciendo la calle desde hace tiempo para poder pagar las cuantiosas deudas de la familia.

Todo esto me trae a la mente el recuerdo de una frase que no llegaba a comprender, "es bueno ser optimista, pero ser demasiado optimista es muy peligroso". No veía cómo podía ser peligroso tener una perspectiva altamente positiva de la vida. Se supone infundía esperanza, energía, fuerza inagotable. Ahora que los cuervos sobrevuelan el tejado de nuestra familia, me doy cuenta de que un optimismo exacerbado puede acabar en una completa ceguera. Y ese es el mayor error que podemos cometer.

martes, 5 de marzo de 2013

Garantía Joven, un freno al borde del abismo


Hoy mismo hemos podido saber que la Unión Europea ha destinado un paquete de medidas para frenar el terrible problema del desempleo que están sufriendo buena parte de los jóvenes europeos. En España hemos sentido con especial fuerza el azote de este fenómeno: cientos de miles de jóvenes recién salidos de la universidad, con una preparación profesional altamente cualificada y sin embargo, sin futuro profesional en su país.

Ante esta situación, la UE ha enviado 6000 millones de euros a las regiones de toda Europa que tienen este problema, y 1000 de esos millones han ido hacia España. Aquí, donde tenemos la provincia con más paro de Europa, Cádiz, es especialmente urgente e importante esa ayuda económica. En todas aquellas regiones donde la población joven (chicos y chicas de 18 a 30 años) supere el 25% de desempleo llegarán esas ayudas.

¿El objetivo? Conseguir que todos estos jóvenes, en el plazo de cuatro meses como máximo desde que terminaron sus estudios comiencen a trabajar en la profesión para la que han estudiado.
¿Y cómo se conseguirá? El dinero que envían las autoridades europeas deberá destinarse a subvenciones empresas que contraten a demandantes de empleo con este perfil , así como aentidades sin ánimo de lucro que fomenten la incorporación al mercado de trabajo entre otras políticas similares lanzadas desde las administraciones públicas locales.

La idea, como de costumbre, es interesante y bienintencionada, pero yo me pregunto: ¿llegará realmente ese dinero a dónde tiene que llegar o haremos gala de la clásica picaresca mediterránea y parte del dinero se perderá misteriosamente por el camino?

Aunque no estemos acostumbrados desde Europa hay un estricto control del dinero enviado a los Estados de la Unión pero es inevitable a veces que mediante el fraude se consigan sustraer algunos miles de euros.

En cualquier caso, espero que llegue pronto la ayuda, con una buena difusión previa -para algo escribe servidor-, control del gasto y eficacia en el uso de las medidas podremos conseguir que los jóvenes de Europa salgamos del pozo en que nunca debimos haber entrado.